Quince largos días... Resuenan una y otra vez, a cuál campanario repicando en el extenso vacío de la penumbra.
..Tic-tac-tic-tac. Horas, minutos, segundos, el reloj no para... Tic-tac-tic-tac, galopando cuál caballo deja su huella de erosión continúa. Y nadie dice nada y todo está parado... Tic-tac-tic-tac, y las agujas se muestran indiferentes, pasa el tiempo, pasa el sol y la luna y el sonido del Tic-tac-tic-tac, se hace ensordecedor.
El viento brama en silencio y las estrellas te miran y observan desde el cosmos gigantesco. Y tú, retorciéndote de dolor ansiado, ves como las agujas del reloj no paran. He aquí lo que un anticiclón de los más grandes, jamás visto, hace con el Tic-tac-tic-tac lo que hago yo con el Tac-toc-tac-toc.
Gracias a los elementos, la costumbre se acepta.
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