
Ni tan cerca ni tan lejos, anduvo perdido, decrépito, sin astucia. En la austeridad más dura, desamparado, esgrimió su lucha interior... recogió los frutos del mar, de la tierra y del cielo. Su penuria en aumento la recogió a pedazos del suelo. De los pedazos hizo fuerza, de su fuerza surgió energía y de la pérdida que le sacudió extrajo oro para su alma. Condicionantes a los cuáles él no estaba acostumbrado esbozó sonrisa elevada, pensamientos extra-genéricos. El sol ya escondía su último rayo de sol, y con su suspirar lento, apaciguó el diablo que le sedujo. Nunca renunció a nada, sólo su egoísmo era intrínsicamente peor que su decisión de vivir alejado del mundo.
Donde las nubes respiran oxigeno... Él respiró libertad.
P.D.: Dedicado a todo el mundo, nunca es siempre.